Uno puede ser maleducado. Porque el día se te ha girado mal, o porque sufres en silencio las almorranas, o porque quien te rodea se lo gana con cada palabra y con cada gesto o, simplemente, porque uno es un maleducado y ya está… En estos casos, ser maleducado comporta un proceso de selección natural de las amistades (ellas te eligen como amigo o no), una cierta fama de, una etiqueta, un adjetivo que te acompañará más o menos tiempo en función de factores tan dispares como la intensidad de tu mala educación, la duración de la misma, su objeto, los testigos y el tiempo… Pero cuando uno ostenta la representación de otros… La cosa cambia y mucho… Ser representante implica eso, hablar y actuar en nombre de alguien más que uno mismo y, por lo tanto, obliga a dejar de lado una parte de las opiniones propias (normalmente aquello más accesorio, sino, mal vamos), a usar la primera persona del plural y no la del singular (y, por favor, nunca la tercera persona del singular para referirse a uno mismo) y a guardar unas formas, unas convenciones una educación extrema, más allá del tono coloquial o familiar o, incluso, técnico… Y nos obliga a la corrección política, mal nos pese… No hasta los extremos del ridículo, como a veces podemos observar, pero sí que quedamos obligados. Errar es humano, y los políticos somos los más humanos de os humanos si a este parámetro nos referimos… La política tiene, además, un problema para quienes, en mayor o menor medida, la ejercemos: la obligatoriedad de ser representantes siempre, no sólo cuando ejercemos el cargo concreto… no somos libres al cien por cien… estamos atados a la representación que ostentamos y al compromiso adquirido mientras dura l mandato para el que hemos sido elegidos… y, a veces, incluso cuando hemos dejado de ostentar ese cargo… Es ésta, que quede claro, una libertad “recortada” querida, asumida, no impuesta por nada ni por nadie… O sea que no nos podemos quejar por tener que guardar as formas también cuando no ejercemos el cargo… quedamos obligados a ser “ejemplares” en muchas cuestiones… Los políticos, como decía, somos muy humanos… Una de las características del ser humano es su adaptabilidad, la adecuación al medio como proceso básico de supervivencia… I aquí encontramos uno de los causantes más importantes del error en las manifestaciones publicas que cometemos los políticos: a adaptabilidad… En función del auditorio que tengamos podemos “adaptarnos” tanto, o hacer tantos esfuerzos por agradar a nuestro público que caemos con cierta facilidad en el exceso verbal… Pero que ello sea habitual, comprensible incluso, no descarga de responsabilidad a quien comete el exceso… Joan Tardà se calentó demasiado ante la organización juvenil de su partido y soltó una muy gorda… gritó “Mort al Borbó” (muerte al Borbón)… A mi me da igual si dicho grito es o no histórico y si iba dirigido o o a Felipe V… ¿Qué significa eso? ¿Que si se encontrara Felipe V le mataría? ¿Qué impresión tendría él si alguien gritra “muerte a Tardà”, por mucho que le dijeran que se referían a un antepasado suyo y no a él? El respeto por las personas y por as instituciones es o que nos separa de los violentos. El insulto, la calumnia, a descalificación y el quererle daño a alguien descalifican más a quien las hace que al objeto de as mismas… Por elo Tardà debería disculparse y ya está, y dejar as justificaciones al estilo Bart Simpson (Yo no he sido) para las ocasiones en que esté solo, en casa, con su familia… ahí puede justificarse cuanto quiera y ser tan maleducado como le plazca…






En català |
Contacto
Me llamo Joan Ramon i Bernabé. También me conocen con el alias musicbcn Nací en Granollers y ahora vivo en Llinars del Vallès






![Catablocs.cat [la catosfera ara mateix] Catablocs.cat [la catosfera ara mateix]](http://baladre.net/images/catablocspetit.gif)

Últimos comentarios